Hay lugares donde el lujo no necesita decoraciones llamativas porque se defiende con contexto. Imagínese la mañana en el Palacio de Vilnius Residence: el silencio de la reserva natural, el olor de hierba mojada y la vista que quita el aliento. Detrás de la ventana, en una horca rítmica, los caballos corren desde el esguince vecino. Fue esta imagen, como en la película, que robó el corazón del propietario hace una década y la hizo decidir quedarse aquí. Hoy me alegra presentarles esta casa.